Jessica Romandini
Debido a su carácter salvaje y silvestre no son demasiado cariñosas y a pesar de su aspecto simpático y gracioso, las ardillas no son recomendables como animales de compañía, debido a que sus incisivos pueden crecer demasiado cuando viven en cautiverio, lo que puede llegar a provocarles la muerte. Además, si se sientes atacadas muerden y pueden transmitir enfermedades.

A la hora de vigilar las enfermedades, es un poco difícil debido a su carácter inquieto. Cuanto más conozcamos a nuestra ardilla, mejor sabremos si le puede pasar algo. Si el animal tiene confianza en nosotros será más fácil que de deje inspeccionar.

Si cuando compramos la ardilla, ésta es joven, podremos llegar a domesticarla. Podemos interactuar con ella siendo cuidadosos con nuestros gestos. Podemos sacarla de su jaula en una habitación pequeña, sin muebles ni sitios donde esconderse.
Las ardillas son muy ágiles y rápidas y si no quiere volver a entrar en su jaula, será tarea difícil atraparla. Además, debemos protegernos las manos con guantes ya que si las cogemos mal pueden mordernos.

La alimentación de las ardillas se basa en frutas, flores, bellotas, nueces y semillas varias que suelen almacenar en sus madrigueras para cuando llega el invierno. Completan su dieta con insectos y arañas.